jueves, 7 de junio de 2012

Shoppenhauer, Principio de la razón suficiente cap 1


CAPITULO PRIMERO
Introducción.
1
EL MÉΤΟDΟ
El divino Platón y el asombroso Kant unen su poderosa voz; para preconizar la
necesidad de una regla para el método de todas las filosofías, y aun de todas las
ciencias en general. Dos leyes, dicen, la de la homogeneidad y la de la
especificación, deben emplearse en igual medida, sin abusar de la una con perjuicio
de la otra. La ley de la homogeneidad nos enseña, mediante la observación de la
semejanza y correspondencia o armonía de la cosas, a formar con ellas especies y a
reunir estas especies en géneros basados en alguna semejanza o cualidad común, para
luego juntar estos géneros en familias, y así sucesivamente, hasta llegar a un
concepto, el más comprensivo, que los abarque a todos. Como quiera que esta es una
ley esencial, transcendental de la razón humana, presupone una correspondencia con
la naturaleza, suposición que se expresa en el clásico axioma: entia praeter
necessitatem non esse multiplicanda. Kant, por el contrario, formula la ley de la
especificación: entium varietates non temere esse minuendas. Esta exige que
separemos escrupulosamente los géneros agrupados en la vasta noción de familia, lo
mismo que las especies superiores e inferiores comprendidas en tales géneros,
guardándonos bien de dar ningún salto, y, sobre todo, de no confundir una especie
inferior, y con más razón un individuo, con la noción de familia, siendo cada
concepto capaz de un nuevo desdoblamiento, sin llegar a la intuición pura. Kant
enseña que estas dos leyes son principios transcendentales de la razón, y que
reclaman a priori el acuerdo con las cosas, y Platón parece expresar a su modo la
misma afirmación al decir que estas reglas, que constituyen el origen de todas las
ciencias, nos fueron arrojadas, con el fuego de Prometeo, de la mansión de los
dioses.
2
SU EMPLEO EN EL PRESENTE CASO
A pesar de tan poderosas recomendaciones, considero la última de estas dos reglas
poco aplicada a uno de los principios constitutivos de todos los conocimientos, al
principio de la razón suficiente. Si bien se le ha enunciado desde hace largo tiempo,
con frecuencia se ha descuidado separar sus muy diversas aplicaciones, en cada una
de las cuales tiene una significación distinta, y que delatan su procedencia de
diferentes facultades cognoscitivas. Pero precisamente en el estudio de nuestras
facultades, el uso del principio de homogeneidad, con desprecio del contrario, nos
conduce a muchos y hondos errores, y, por el contrario, el uso del principio de especificación
nos hace dar los más grandes y decisivos pasos. Esto se demuestra comparando
la filosofía kantiana con todas las anteriores. Séame permitido reproducir un
pasaje en que Kant recomienda aplicar el principio de especificación a la fuente de todos
nuestros conocimientos, dando así autoridad a mis actuales estudios: «Es de la
más alta importancia aislar los conocimientos que por su especie y origen son
distintos de los demás, y evitar cuidadosamente que se confundan en una amalgama
con otros, con los cuales suele mezclarles el uso. Lo que el químico hace al dividir la
materia, lo que hace el matemático en sus más arduas operaciones, debe hacerlo con
mayor razón el filósofo, con lo que obtendrá el provecho de poder determinar
seguramente el valor y la importancia de determinados conocimientos adquiridos por
un uso incierto de la razón» (Crít. de la raz. pur., Doctrina del método. 3).
3
UTILIDAD DE ESTA INVESTIGACIÓN
Si se llega a demostrar que el principal objeto de nuestra investigación, no dimana inmediatamente
de una de las facultades fundamentales de nuestra inteligencia, sino de
muchas de ellas, se seguirá de aquí que la necesidad que entraña como principio a
priori, no es tampoco siempre la misma en todas partes, sino tan múltiple como lo
son las fuentes del principio mismo. Después, el que funde una conclusión sobre el
principio, tendrá la obligación de determinar exactamente sobre cuál de las diferentes
necesidades que sirven de base al principio de razón, se apoya, así como de darle un
nombre (ya los propondré). Creo que de este modo se ganará algo por lo que respecta
a precisión y claridad en filosofía, y tengo la claridad proveniente de la exacta
determinación del significado de cada frase por una exigencia imperiosa de la filosofía,
como medio imprescindible para precavernos del error y de las mixtificaciones,
y para que todo conocimiento adquirido no pueda luego sernos arrebatado por
equívocos o ambigüedades descubiertos posteriormente.
En general, el filósofo digno de tal nombre, debe buscar y procurar en todos sus escritos
estas dos cualidades mencionadas: claridad y precisión, y esforzarse siempre en
parecerse, no a un revuelto e impetuoso torrente, sino más bien a un lago de Suiza,
que por su sosiego aparece más claro cuanto más profundo, dejando ver su fondo
desde el primer momento. La clarté est la bonne foi des philosophes, dijo
Vauvenargues. El seudo-filósofo, en cambio, siguiendo la máxima de Talleyrand,
tratará, por todos los medios, de ocultar, bajo las palabras, sus pensamientos, o mejor,
su falta de pensamiento, atribuyendo a falta de perspicacia del lector la obscuridad de
sus filosofemas. Así se explica que en algunos escritos, los de Fichte, por ejemplo, el
tono didáctico degenere con frecuencia en injurioso, y, hasta curándose en salud, se
llegue a echar en cara, por anticipado, al lector su incapacidad.
4
IMPORTANCIA DEL PRINCIPIO DE LA RAZÓN SUFICIENTE
Tanta es la importancia del principio de razón suficiente, que se le puede considerar
como el fundamento de todas las ciencias. Ciencia no es otra cosa que un sistema de
conocimientos, es decir, un conjunto de verdades encadenadas, en oposición a un
mero agregado de conocimientos. Y ¿quién sino el principio de razón suficiente
puede encadenar los miembros de tal sistema? En efecto: lo que distingue a una
ciencia de un mero agregado, es que sus verdades nacen unas de otras como de su
propio principio. Por esto decía ya Platón:
kai γαρ αι δοξαι αι αληθεις ου πολλοu αξιαι εισιν, εως αν τις αυτας δηση αiτιας
λογισμw  
(etiam opiniones verae non multi pretii sunt, donec quis illas ratiocinatione a
causis ducta liget. Meno., p. 385, Bip.) 8
Además, todas las ciencias contienen nociones de causa, por las cuales están
determinados los efectos, y asimismo otras nociones sobre las necesidades de las
consecuencias que emanan de los principios, como veremos más adelante, lo que ya Aristóteles expresaba con estas palabras :
πασa επιστhμη διανοητικh, η χαι μετeχουσα τι διανοiας, περί αίτιας και αρχάς
εστί
(omnis intellectualis scientia, sive aliquo modo intellectu participans, circa
causas et principia est. Metaph., V, 1).9
Y como el principio, supuesto por nosotros a priori, de que todo tiene una razón, nos
autoriza a preguntar en todas las cosas el «porqué», de aquí que este «porqué» pueda
considerarse como la madre de todas las ciencias.
5
EL PRINCIPIO
Ya demostraremos que el principio de razón suficiente es una expresión común a
varios conocimientos dados a priori. Por el momento, tenemos necesidad de
enunciarle por medio de una fórmula. Prefiero emplear la wolfiana, como la más
generalizada: Nihil est sine ratione cur potius sit, quam non sit (Nada existe sin una
razón de ser).

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